



Vestigios de un pasado notable
La batalla, ahora, debe ser de toda una comunidad, no solamente de los negretinos, sino los biobenses en su conjunto.
El 6 de septiembre de 2002, La Tribuna informaba sobre un hallazgo muy llamativo. En el cerro Marimán de Negrete, se habían encontrado restos de un antiquísimo muro, con unos enormes adobes. ¿Sería parte del desaparecido fuerte, de que hablaban las páginas de la historia colonial de la Guerra de Arauco y de ese conflicto desarrollado en la Alta Frontera que marcaba el río Bío Bío? Era probable y ante la duda, bien valía consultar.
Debieron pasar ¡siete años! Para que el Consejo de Monumentos Nacionales se hiciera cargo de esa duda sólida y declarara “monumento arqueológico” ese sector, como medida inicial de protección. La información de La Tribuna, publicada ayer, permite visualizar un camino que debiera derivar en el rescate de tan preciado tesoro, para darle el realce merecido, no únicamente con una mirada nostálgica, sino como parte de la historia que debe ser rescatada también en lo material. Incluso, se puede convertir en un foco de atractivo para la zona, al ser parte de un futuro circuito de fuertes españoles del río Bío Bío, que sería recorrido por chilenos y extranjeros.
Victoriano Sáez, admirable estudioso de la identidad de su comuna, recordó que en diciembre del 2002, el Consejo de Monumentos Nacionales se reunió y acordó que vendría a Negrete un arqueólogo. Eso ocurrió recién el pasado 8 de enero. Acota que “el 2003, hice un reclamo por teléfono que no dio resultado. Pasó el tiempo y en diciembre del año pasado, basándose en el compromiso asumido el 2002, reclamé directamente a través de una carta dirigida a la Presidencia de la República”. El informe de la arqueóloga fue emitido recién en julio pasado y ahora, el Consejo tomó la decisión. Mientras tanto, durante siete años, el sitio estuvo abandonado e incluso se efectuó encima una competencia de motocross. Ojalá que el paso de los años no haya deteriorado esos vestigios.
En las conclusiones del informe de la arqueóloga, se manifiesta: “la extensión del muro detectado, su alto y su ancho, así como el estar completamente enterrado, nos hablan de una construcción de grandes dimensiones, elaborada con tecnología hispana o europea y de larga data. Por la historia de la fundación de Negrete en el siglo XIX, y la falta de antecedentes de una estructura o construcción de estas dimensiones en este lugar, llevar a plantear que efectivamente estos restos pueden pertenecer al antiguo fuerte de Negrete del siglo XVII”.
El escrito oficial, del 4 de agosto de 2009, lo envió el organismo público al alcalde de Negrete, Edwin Von Jentschyk, con copia al gobernador provincial Esteban Krause, entre otros, señalando que “estas estructuras, al estar más de un siglo fuera de contexto de uso, y al día de hoy completamente sepultada, corresponde a un sitio arqueológico protegido por la Ley Nº 17.288 de Monumentos Nacionales, estando prohibida su alteración sin autorización previa del Consejo de Monumentos Nacionales”.
El decreto añade que “dado el interés de estos restos patrimoniales para la historia de Negrete, sugerimos estudiar la posibilidad de efectuar un proyecto de investigación que permita dilucidar la real temporalidad de estos vestigios, pudiendo aportar además a su conservación, puesta en valor y difusión a la comunidad local y regional”. Por ello, surge de inmediato la pregunta: ¿qué hacer ahora? Caminos hay muchos y no podemos esperar otros siete años para abordar este desafío. Por el contrario, es urgente, tanto para evitar un mayor deterioro de esos restos arqueológicos, como para darle relevancia y uso apropiado, de carácter educacional, histórico y turístico. Para ello, hay que visualizar adónde concurrir, incluso a fondos extranjeros –España, por ejemplo- para completar la investigación arqueológica e histórica y postular proyectos que le den una presencia que merece absolutamente.
Tal como informó La Tribuna en septiembre de 2002, fue el escultor y artesano mapuche de Negrete Osvaldo Lipin, quien encontró los restos de muros. “Esto es parte del patrimonio de Negrete. Las autoridades tienen que hacer algo por esto, descubrirlo para que sirva al turismo”, señaló Lipin en varias ocasiones. Su yerno, Victoriano Sáez Hidalgo, ha seguido la huella al descubrimiento, insistiendo, para que no pase inadvertido. La batalla, ahora, debe ser de toda una comunidad, no solamente de los negretinos, sino los biobenses en su conjunto. La Guerra de Arauco nos diferencia, porque este es el territorio de la Alta Frontera y debemos saber lucirlo apropiada, oportuna y entusiastamente.
Debieron pasar ¡siete años! Para que el Consejo de Monumentos Nacionales se hiciera cargo de esa duda sólida y declarara “monumento arqueológico” ese sector, como medida inicial de protección. La información de La Tribuna, publicada ayer, permite visualizar un camino que debiera derivar en el rescate de tan preciado tesoro, para darle el realce merecido, no únicamente con una mirada nostálgica, sino como parte de la historia que debe ser rescatada también en lo material. Incluso, se puede convertir en un foco de atractivo para la zona, al ser parte de un futuro circuito de fuertes españoles del río Bío Bío, que sería recorrido por chilenos y extranjeros.
Victoriano Sáez, admirable estudioso de la identidad de su comuna, recordó que en diciembre del 2002, el Consejo de Monumentos Nacionales se reunió y acordó que vendría a Negrete un arqueólogo. Eso ocurrió recién el pasado 8 de enero. Acota que “el 2003, hice un reclamo por teléfono que no dio resultado. Pasó el tiempo y en diciembre del año pasado, basándose en el compromiso asumido el 2002, reclamé directamente a través de una carta dirigida a la Presidencia de la República”. El informe de la arqueóloga fue emitido recién en julio pasado y ahora, el Consejo tomó la decisión. Mientras tanto, durante siete años, el sitio estuvo abandonado e incluso se efectuó encima una competencia de motocross. Ojalá que el paso de los años no haya deteriorado esos vestigios.
En las conclusiones del informe de la arqueóloga, se manifiesta: “la extensión del muro detectado, su alto y su ancho, así como el estar completamente enterrado, nos hablan de una construcción de grandes dimensiones, elaborada con tecnología hispana o europea y de larga data. Por la historia de la fundación de Negrete en el siglo XIX, y la falta de antecedentes de una estructura o construcción de estas dimensiones en este lugar, llevar a plantear que efectivamente estos restos pueden pertenecer al antiguo fuerte de Negrete del siglo XVII”.
El escrito oficial, del 4 de agosto de 2009, lo envió el organismo público al alcalde de Negrete, Edwin Von Jentschyk, con copia al gobernador provincial Esteban Krause, entre otros, señalando que “estas estructuras, al estar más de un siglo fuera de contexto de uso, y al día de hoy completamente sepultada, corresponde a un sitio arqueológico protegido por la Ley Nº 17.288 de Monumentos Nacionales, estando prohibida su alteración sin autorización previa del Consejo de Monumentos Nacionales”.
El decreto añade que “dado el interés de estos restos patrimoniales para la historia de Negrete, sugerimos estudiar la posibilidad de efectuar un proyecto de investigación que permita dilucidar la real temporalidad de estos vestigios, pudiendo aportar además a su conservación, puesta en valor y difusión a la comunidad local y regional”. Por ello, surge de inmediato la pregunta: ¿qué hacer ahora? Caminos hay muchos y no podemos esperar otros siete años para abordar este desafío. Por el contrario, es urgente, tanto para evitar un mayor deterioro de esos restos arqueológicos, como para darle relevancia y uso apropiado, de carácter educacional, histórico y turístico. Para ello, hay que visualizar adónde concurrir, incluso a fondos extranjeros –España, por ejemplo- para completar la investigación arqueológica e histórica y postular proyectos que le den una presencia que merece absolutamente.
Tal como informó La Tribuna en septiembre de 2002, fue el escultor y artesano mapuche de Negrete Osvaldo Lipin, quien encontró los restos de muros. “Esto es parte del patrimonio de Negrete. Las autoridades tienen que hacer algo por esto, descubrirlo para que sirva al turismo”, señaló Lipin en varias ocasiones. Su yerno, Victoriano Sáez Hidalgo, ha seguido la huella al descubrimiento, insistiendo, para que no pase inadvertido. La batalla, ahora, debe ser de toda una comunidad, no solamente de los negretinos, sino los biobenses en su conjunto. La Guerra de Arauco nos diferencia, porque este es el territorio de la Alta Frontera y debemos saber lucirlo apropiada, oportuna y entusiastamente.



