



TESTIMONIOS
El viento arrasó con todo
EL IMPACTO DE DOS ADULTOS-MAYORES
“El viento arrastró mi casa, y una de las vigas cayó sobre mi cabeza”, dijo José Lavín, al expresar que en un primer momento quedó aturdido, reaccionando minutos más tarde y yendo en inmediato auxilio de su hermano minusválido.
Agregó que perdió todo y que ahora realmente no sabe cómo seguirá adelante, si las condiciones económicas no se lo permiten.
Don José, al conversar con La Tribuna, manifestó que sintió un gran estruendo cerca de la medianoche. “Escuché un zumbido, luego empezó a temblar la casa y todo se vino abajo”, detalló, al agregar que luego comenzó a sacar las tablas y las cosas que lo dejaron inmovilizado en su cama.
CARMEN PROTEGIÓ A SU HERMANA Y A UN PEQUEÑO
En medio de una de las manzanas de la Villa Génesis y cerca de la casa de sus familiares, La Tribuna conoció del testimonio de Carmen Pérez, “Luchi”, una niña de 10 años.
Al escuchar una fuerte estampida, tomó de la mano a su hermanita, María Belén, de cinco años, y junto a un “amiguito pequeño” se abrazaron y tomaron un Nuevo Testamento.
“Cuando sentimos miedo, tomamos el Nuevo Testamento y lo abrimos. Estábamos en la pieza de nuestra hermana mayor, cuando llegaron los papás”, dijo la niña, al agregar que siguieron en el mismo lugar mientras sus padres salían de la casa, para tratar de saber qué ocurría.
“Luchi” manifestó que leían el Nuevo Testamento y cantaban las canciones de la Iglesia, lo que les dio tranquilidad para luego volver junto a sus papitos.
EL PASTOR ENCONTRÓ SU IGLESIA DESTRUÍDA
El pastor José Méndez tiene su hogar junto a “la casa de oración”. Al relatar lo sucedido, expresó que “estábamos acostados cuando se largó un fuerte aguacero. Fue un torbellino que arrasó con todo en menos de cinco minutos. Venía en dirección a la cordillera. Gracias a Dios que la familia está bien”, comentó, al citar que “los caminos de Dios son misteriosos y hay que seguir adelante”.
Agregó que al registrarse el impresionante temporal, cada vecino tenía problemas y dentro de quienes resultaron con menores secuelas, surgía de manera espontánea la solidaridad, y se acogía a los vecinos más aproblemados. “Amontonábamos las cosas e intentábamos guarecernos donde se podía”, expresó.
DOÑA MARÍA Y SU FAMILIA ABANDONAN SU CASA
Colchonetas mojadas, camas y enseres de primera necesidad eran subidos a una camioneta, desde la casa de la señora María Martina Riquelme Narváez quien, junto a su esposo y su hija (que presenta Síndrome de Down), optaron por dejar momentáneamente su hogar, debido a que quedó inhabitable.
“De repente, un golpe ensordecedor se dejó sentir, y el techo de la casa voló. Las sillas de la cocina fueron a caer encima de la cama de nosotros. Quedamos tapados de agua, salimos descalzos a la calle y mi nena se puso a llorar enseguida”, relató doña María, al señalar que hasta las tres de la madrugada, los vecinos caminaban de un lado a otro sin saber qué hacer.
Ya a primera hora y cuando la claridad del día dejaba en evidencia las secuelas del temporal, optaron por irse a casa de familiares mientras, con calma, resuelven qué hacer.
ERWIN: “VIMOS QUE YA NO TENÍAMOS TECHO”
La solidaridad espontánea de los vecinos de Villa Galilea permitió a Hernán Álvarez, a su esposa y a su hijo, enfrentar de mejor manera las secuelas dejadas por el paso devastador de los vientos huracanados que volaron completamente la techumbre de su hogar ubicado en la esquina de las calles Los Vicentinos y Baquedano.
La Tribuna conversó con Erwin Álvarez, de doce años, quien permanecía en la casa junto a su madre al momento de presentarse la emergencia.
“Estaba con mi mamá viendo la repetición del partido de Chile, cuando sentimos un ruido tremendo. Nos tapamos con las frazadas y sentíamos cómo los vidrios se quebraban y cómo se desprendía el techo. Encima de la cama caían cosas de los muebles, el techo, las paredes. Fue horrible” sostuvo Erwin, alumno del séptimo año básico del colegio Los Ángeles, al recordar que todo lo que estaba guardado en el entretecho se les cayó encima.
Mientras estos episodios ocurrían, se dirigía al hogar el jefe de familia, Hernán Rodrigo Álvarez, quien trabaja para una empresa de seguridad.
Lo primero que vio fue la pandereta en el suelo; luego, su casa, que ya no tenía techo ni la ampliación que había construido recientemente.
“Si no hubiera sido por los vecinos, no sé qué habríamos hecho” puntualizó Hernán Álvarez, quien junto a su mujer y su hijo llegó hace un par de meses ha habitar la vivienda, de un valor que asciende a los 16 millones de pesos, sin considerar la ampliación realizada.
Fueron auxiliados por vecinos, entre cuyas casas se guardaron y distribuyeron parte de sus enseres, al igual que en la sede vecinal. Hasta ayer, habían sido visitados por autoridades comunales y provinciales, mientras analizaban qué hacer.
La Tribuna también recibió, vía correo electrónico, un mensaje de una de las residentes de Villa Galilea. Patricia Orellana, junto con expresar preocupación por la situación de los vecinos damnificados, relató que “de un minuto a otro, el viento fue muy fuerte. Se cortó la luz y luego todo se calmó. Quedó sólo la lluvia. Recién ahí salí a mirar el techo de mi casa, que queda en Villa Galilea, que, por cierto, quedó como si algo lo hubiera impactado de un lado. Muy raro. Las chapas se retorcieron todas y por lo que vi, pasó en una dirección nada más”, describía en ese correo nuestra lectora.
“El viento arrastró mi casa, y una de las vigas cayó sobre mi cabeza”, dijo José Lavín, al expresar que en un primer momento quedó aturdido, reaccionando minutos más tarde y yendo en inmediato auxilio de su hermano minusválido.
Agregó que perdió todo y que ahora realmente no sabe cómo seguirá adelante, si las condiciones económicas no se lo permiten.
Don José, al conversar con La Tribuna, manifestó que sintió un gran estruendo cerca de la medianoche. “Escuché un zumbido, luego empezó a temblar la casa y todo se vino abajo”, detalló, al agregar que luego comenzó a sacar las tablas y las cosas que lo dejaron inmovilizado en su cama.
CARMEN PROTEGIÓ A SU HERMANA Y A UN PEQUEÑO
En medio de una de las manzanas de la Villa Génesis y cerca de la casa de sus familiares, La Tribuna conoció del testimonio de Carmen Pérez, “Luchi”, una niña de 10 años.
Al escuchar una fuerte estampida, tomó de la mano a su hermanita, María Belén, de cinco años, y junto a un “amiguito pequeño” se abrazaron y tomaron un Nuevo Testamento.
“Cuando sentimos miedo, tomamos el Nuevo Testamento y lo abrimos. Estábamos en la pieza de nuestra hermana mayor, cuando llegaron los papás”, dijo la niña, al agregar que siguieron en el mismo lugar mientras sus padres salían de la casa, para tratar de saber qué ocurría.
“Luchi” manifestó que leían el Nuevo Testamento y cantaban las canciones de la Iglesia, lo que les dio tranquilidad para luego volver junto a sus papitos.
EL PASTOR ENCONTRÓ SU IGLESIA DESTRUÍDA
El pastor José Méndez tiene su hogar junto a “la casa de oración”. Al relatar lo sucedido, expresó que “estábamos acostados cuando se largó un fuerte aguacero. Fue un torbellino que arrasó con todo en menos de cinco minutos. Venía en dirección a la cordillera. Gracias a Dios que la familia está bien”, comentó, al citar que “los caminos de Dios son misteriosos y hay que seguir adelante”.
Agregó que al registrarse el impresionante temporal, cada vecino tenía problemas y dentro de quienes resultaron con menores secuelas, surgía de manera espontánea la solidaridad, y se acogía a los vecinos más aproblemados. “Amontonábamos las cosas e intentábamos guarecernos donde se podía”, expresó.
DOÑA MARÍA Y SU FAMILIA ABANDONAN SU CASA
Colchonetas mojadas, camas y enseres de primera necesidad eran subidos a una camioneta, desde la casa de la señora María Martina Riquelme Narváez quien, junto a su esposo y su hija (que presenta Síndrome de Down), optaron por dejar momentáneamente su hogar, debido a que quedó inhabitable.
“De repente, un golpe ensordecedor se dejó sentir, y el techo de la casa voló. Las sillas de la cocina fueron a caer encima de la cama de nosotros. Quedamos tapados de agua, salimos descalzos a la calle y mi nena se puso a llorar enseguida”, relató doña María, al señalar que hasta las tres de la madrugada, los vecinos caminaban de un lado a otro sin saber qué hacer.
Ya a primera hora y cuando la claridad del día dejaba en evidencia las secuelas del temporal, optaron por irse a casa de familiares mientras, con calma, resuelven qué hacer.
ERWIN: “VIMOS QUE YA NO TENÍAMOS TECHO”
La solidaridad espontánea de los vecinos de Villa Galilea permitió a Hernán Álvarez, a su esposa y a su hijo, enfrentar de mejor manera las secuelas dejadas por el paso devastador de los vientos huracanados que volaron completamente la techumbre de su hogar ubicado en la esquina de las calles Los Vicentinos y Baquedano.
La Tribuna conversó con Erwin Álvarez, de doce años, quien permanecía en la casa junto a su madre al momento de presentarse la emergencia.
“Estaba con mi mamá viendo la repetición del partido de Chile, cuando sentimos un ruido tremendo. Nos tapamos con las frazadas y sentíamos cómo los vidrios se quebraban y cómo se desprendía el techo. Encima de la cama caían cosas de los muebles, el techo, las paredes. Fue horrible” sostuvo Erwin, alumno del séptimo año básico del colegio Los Ángeles, al recordar que todo lo que estaba guardado en el entretecho se les cayó encima.
Mientras estos episodios ocurrían, se dirigía al hogar el jefe de familia, Hernán Rodrigo Álvarez, quien trabaja para una empresa de seguridad.
Lo primero que vio fue la pandereta en el suelo; luego, su casa, que ya no tenía techo ni la ampliación que había construido recientemente.
“Si no hubiera sido por los vecinos, no sé qué habríamos hecho” puntualizó Hernán Álvarez, quien junto a su mujer y su hijo llegó hace un par de meses ha habitar la vivienda, de un valor que asciende a los 16 millones de pesos, sin considerar la ampliación realizada.
Fueron auxiliados por vecinos, entre cuyas casas se guardaron y distribuyeron parte de sus enseres, al igual que en la sede vecinal. Hasta ayer, habían sido visitados por autoridades comunales y provinciales, mientras analizaban qué hacer.
La Tribuna también recibió, vía correo electrónico, un mensaje de una de las residentes de Villa Galilea. Patricia Orellana, junto con expresar preocupación por la situación de los vecinos damnificados, relató que “de un minuto a otro, el viento fue muy fuerte. Se cortó la luz y luego todo se calmó. Quedó sólo la lluvia. Recién ahí salí a mirar el techo de mi casa, que queda en Villa Galilea, que, por cierto, quedó como si algo lo hubiera impactado de un lado. Muy raro. Las chapas se retorcieron todas y por lo que vi, pasó en una dirección nada más”, describía en ese correo nuestra lectora.



