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Sistema eléctrico nacional
De manera preocupante, están tensionando la visión de los chilenos respecto a este rubro tan relevante para el desarrollo socioeconómico.
Cuando gran parte de Chile no se reponía del corte de suministro eléctrico del pasado martes, ayer, una nueva suspensión del suministro de la energía, que también afectó a Los Ángeles, exacerbó los ánimos, no únicamente de los ciudadanos, sino también de autoridades y parlamentarios.
Ya el martes, habíamos enfrentado una serie de explicaciones, incluso una arrogante declaración de la empresa distribuidora Transelec, que decía que no había que “especular” sobre posibles errores humanos
El segundo corte de energía, en menos de 24 horas, se registró durante la madrugada de ayer, en la zona centro-sur del país, resultando afectados en el caso de Bío Bío, algunos sectores, en las comunas de Cabrero, Yumbel y Los Ángeles. Pero lo nuestro no tuvo la magnitud, amplitud ni gravedad de lo acontecido en las grandes ciudades. La sola suspensión del servicio del Metro provocó alternaciones de tal magnitud, que el tema se posesionó con singular fuerza ayer, ya que se recordó aquel “blackout” del 21 de marzo, poco después del terremoto, que dejó al 90% del país a oscuras, así como otros episodios, que de manera preocupante, están tensionando la visión de los chilenos respecto a este rubro tan relevante para el desarrollo socioeconómico del país.
Hay que dar la bienvenida a la decisión del Servicio Nacional del Consumidor (Sernac), que envió un oficio a 21 empresas eléctricas para que informen cómo compensarán a los consumidores por el costo del reclamo y la falta de servicio tras los nuevos cortes. Asimismo, hay que tener confianza en que las autoridades de Gobierno y los parlamentarios, es decir, los poderes Ejecutivo y Legislativo, serán lo suficientemente fuertes y acuciosos para resolver este problema, no únicamente llegando al fondo de la investigación sobre las causas que están provocando estos apagones, como, sobre todo, en la búsqueda de soluciones, que adapten las normativas y fiscalizaciones al cuadro generado por el mercado actual.
Cuando el desarrollo nacional buscaba posicionarse con singular energía, con la creación de la Corporación de Fomento, en 1948, y su positiva secuela de creación de empresas estatales, nació la Empresa Nacional de Energía (Endesa), que durante el Gobierno Militar fue traspasada al sector privado. Desde ese instante, como en el caso de varias empresas privatizadas, se comenzaron a verificar fenómenos antes no conocidos, porque era un solo gestor, administrador y fiscalizador, el Estado.
En la actualidad, en lo general, el sistema eléctrico se encuentra dividido en tres grandes áreas: la generación, el transporte de la energía y, finalmente, la distribución a los usuarios. En este caso, está fallando la transmisión y ahí debe apuntar la solución, como a mejorar también las otras dos áreas.
El pasado 9 de junio, en medio de un ambiente mundialero, hiperfutbolizado en Chile, no se dio suficiente relevancia a una información, que expresaba la intención del Gobierno de estudiar la forma de conectar los dos grandes sistemas eléctricos del país. El ministro de Energía, Ricardo Raineri, decía que los costos "pueden ser importantes, pero no exagerados", pero aseguró que "hay que evaluar si la mayor seguridad energética compensa la inversión". La idea era aumentar la seguridad energética del territorio nacional. Se manifestaba que, de realizarse esta unión, “tiene que ser lo suficientemente robusta como para trasladar una cantidad importante de energía entre ambos sistemas”. Esto permitiría la unión entre el Sistema Interconectado Central (SIC), que va entre Taltal y Chiloé -incluyendo nuestra zona, generadora y consumidora- y el Sistema Interconectado del Norte Grande (SING), que contempla Arica-Parinacota, Tarapacá y Antofagasta.
El ministro apuntaba a que debía pensarse que, históricamente, la interconexión SIC–SING se justificaba por la diferencia de precios relativos de la energía entre ambos sistemas, sin embargo, “hoy día esa diferencia no es tan grande”, destacaba.
Esta interconexión es muy significativa, porque potenciaría ambos megasistemas. Pero no es ni debe ser la única fórmula para afrontar este enorme desafío. El creciente desarrollo de la economía nacional requiere de energía eléctrica suficiente y con un suministro confiable. No podemos quedar al nivel de naciones pobres, subdesarrolladas, sino presentar en este aspecto también una potencia capaz de mejorar nuestra imagen país, además de dar tranquilidad a la ciudadanía, instituciones, empresas e industrias que no quedarán colgando de un eventual corte eléctrico. Es tiempo de afinar el sistema. Todo problema debe transformarse un desafío. La comunidad nacional desea que esta prueba sea asumida en plenitud por todos los actores que deben intervenir. Desde ahora mismo.