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La ciudad desestructurada que atrapa al ser humano
Por Mario Ríos Peñafiel
Concejal

Cuando se camina por las veredas de Los Ángeles, en especial el centro, la verdad es que si uno va acelerado a un trámite, de esos cuando quedan sólo 10 minutos para que cierren, nos vemos con una serie de dificultades. Parecemos autitos que van esquivando a la gente. Eso es normal. En todas partes del mundo es así. Lo que no es normal es que cuando vamos al trote o con un caminar acelerado, ya sabemos en donde están nuestros mayores peligros como conductores de veredas. Ellos son los comerciantes. Hay quienes vendes sólo la fruta o vegetales de temporada, las humitas, los digüeñes, las avellanas, los que piden hasta la frutería prácticamente completa. A ellos se les suman los quioscos. Pero ¿qué tienen que ver los quioscos con estos comerciantes ambulantes? Sencillo: la mayoría de estos comerciantes están autorizados por la Municipalidad para estar en el lugar y vender lo que venden. Así de simple y así de claro.
Los verdaderos comerciantes ambulantes andan por los campos con verduras, harina, pan, frutas y hasta ropa y ollas, en camionetas. Los del centro son “comerciantes de vereda”.
El tema es que no se nos preguntó si ese bien de uso público se les podía entregar a ellos. En fin, la cosa es que ya están entregados los permisos y los comerciantes de veredas desarrollan su quehacer armónicamente y no exento de gritos. Si no le preguntamos a los ciudadanos si podíamos, como Municipalidad, o si les molestaba entregar estos espacios, a lo menos, regulémonos, con carritos de ciertas dimensiones, colores y orden. En todo el mundo se
da esa lógica ¿Por qué en Los Ángeles no? Si a esto le sumamos las banderitas de las recargas de celulares, que sí son ambulantes, y un amigo dueño de un café que no le permitieron tener unas banquitas bien parisinas en
calle Colo Colo, pero sí a un vendedor minimarket de frutas en la esquina, la verdad es que como me decía un amigo “es bastante peculiar tu ciudad. Nosotros, en mi país y específicamente en mi ciudad, todos los domingos hay una feria en la plaza de armas. Dura desde las 9 a las 13 horas. Ahora, a las 14 horas, la plaza está impecable”.
¿Qué cuesta poner un poco de imaginación a la vista de nosotros? Nada. Sólo exponerlo y, por supuesto, que la proposición sea aprobada. Lo intentaré, una vez más.